Mis padres
me regalaron un bonito libro de cuero en blanco.
Me dijeron que podía escribir mi propia historia,
tenia muchas ideas, pero ninguna era apropiada para
un libro tan bonito.
Un día,
después del cole, paseando con mi prima por
el Paseo de los Suspiros, me preguntó:
- ¿Crees
que este castillo está habitado? Es tan bonito,
grande y de cristal. Claro, y los habitantes serán
también de cristal
- ¿Incluido
el rey?
- Incluido
todo lo que está en los cuentos
Entones
vi una ancla de oro en el jardín del castillo
y mi prima suspiró: ¡me encanta el mar!
En ese
momento, cuando llegué a casa abrí el
libro y empecé a pensar en una gran historia
sobre el mar.
Mis padres
se fueron de viaje y me cuidaba, mi tía Adeley.
Una vez, aprovechando que mi tía se había
dormido, me escapé hacia el puerto.
Allí había
un barco grande apunto de zarpar. Les pregunté a
dónde se dirigían. Me respondieron
que se dirigían al fondo del mar porque eran
del circo y se les había escapado una bonita
sirena. Tenían que encontrarla.
Pensé que
seria una buena aventura para mi libro que recordaría
de mayor.
El 29
de agosto zarpamos rumbo a Pekín. Yo me preguntaba
qué aventuras me pasarían, no sé,
quizás me encontraría morro con morro
con un tiburón gigante o igual podría
jugar a palmitas con los pulpos. Bueno, eso me pasaría
en el futuro, ahora estábamos en el presente.
Partíamos del puerto y en ese momento tuvimos
que sacar el amarre sostenido con una gran cuerda
dura como el acero. El capitán del barco era
un hombre fuerte y rechoncho, como una pelota. Vestía
con una camiseta a rayas y unos pantalones estrechos.
Se llamaba Fransua.
Fransua
saludó al pescador que se sentaba al lado
del faro con una cesta llena de peces y una caña
en la mano derecha. Tenía un aspecto tranquilo
y satisfecho de haber pasado horas en el mar.
Me puse
en la proa del barco, me sentí como si fuera
libre porque el aire me acariciaba mis dorados cabellos,
de repente me sentí como si me hubiera quedado
pequeña y alguien me estuviera acunando.
El sol
se fue a dormir y se despertó la luna, vestia
tan bella de blanco, reflejando su gran cola en el
mar. La noche se volvió serena y tranquila.
Me pregunté como bajaríamos al fondo
del mar.
A la
mañana siguiente, conocí a todos los
de la tripulación. Conocí a una bailarina,
a una mona y a un león como en los cuentos
que hablan del circo.
Pronto
vimos una escalera de coral y empecé a sospechar.
Me explicaron
que este mar era distinto, este mar era especial...
era Gran Azul y en él se podía respirar,,, ¿Se
podía respirar?
Bajando
la escalera de coral, vi millones de peces multicolores
y muchos delfines. En uno de ellos me subí y
corrí, más bien volamos envuelta en
aguas cristalinas, ya no me importaba estar mojada,
sino que disfrutaba del viento en libertad.
Cuando
bajamos el último peldaño de la escalera,
nos vimos rodeados de caballitos de mar que formaban
una tropa, Allí, en medio, había un
enorme castillo de coral. Había una bella
sirena bailando el vals de las ballenas. Pero parecía
triste, sus padres estaban sentados en unas enormes
conchas. Conchas que habían pertenecido a
unas ostras con perlas.
Interrumpimos
en medio del baile. La reina Sharol, lanzó un
grito escalofriante, ¡Como os atrevéis!,
acompañado de un gesto rápido y brusco.
Nosotros
nos adelantamos un paso, Fransua estiró de
la sirena pero Sharol, la reina, mandó a sus
guardianes, que en realidad eran peces espada, que
nos atacasen, y nosotros corrimos arrastrando a la
sirena con nosotros. Subimos la escalera de coral.
Sharol provocó un remolino que nos envió de
nuevo a su reino.
De nuevo
nos atacaban, eran muchos y nos rodeaban impidiendo
nuestro paso. Estábamos perdidos y en sus
manos. Queríamos escapar de la sirena, pero
finalmente habíamos caído en su trampa:
una trampa fatal. Aquello no podía ser, no
estaba en mis sueños. Estaban apunto de atacarnos
por última vez, cuando una voz profunda sonó en
mi interior.
Deberíamos
ser buenos amigos y no pelearnos, es muy raro que
unos extraños que no se conocen de nada se
peleen. ¿Si no nos conocemos, porqué nos
peleamos? En vez de pelearnos, deberíamos
conocernos y hablar. ¿No os parece mejor?
Todos
guardaron silencio. Sharol, la reina, y MarNostrum
el rey, se levantaron y con voz segura se dirigieron
a todos:
- Es verdad
dijo el rey, parecemos locos. Hablar será bueno
y nos hará daño.
- Lo siento,
contestó Fransua, cuando vi que podía
recuperar la sirena, perdí la cabeza y no
pensé en nada más. Debía rescatar
la sirena y devolverla al circo.
- Yo no quiero
volver al circo, dijo Ariel la sirena, mi lugar está en
el mar. El Gran Azul. Aquí nací y aquí quiero
vivir junto a mis padres. Gracias por tratar de rescatarme.
- Me equivoqué,
dijo de nuevo Fransua, fui al mar a rescatarte y
devolverte al circo pero ahora entiendo que tu sitio
está en el mar. Cuando he decidido ser vuestro
amigo y dejar de luchar, he podido entender que quieres
estar aquí y no en el circo. ¡Hasta
siempre Ariel! Vive aquí con tu familia, los
pulpos y los delfines.
Nos despedimos
con grandes abrazos y amplias sonrisas.
El capitán
y todos gritaron "rumbo a casa". Zarpamos y navegamos
por el Gran Azul de vuelta a casa.
La tía
Adeley me despertó. Ada, es la hora de levantarse,
prepárate que hoy iremos al circo. Es un espectáculo
sobre el mar.
Miré a
mi alrededor, estaba en la habitación y me
sentí acompañada de la hermosa Ariel.
Sabía que no la vería en el circo porque
su sitio estaba en el mar. Me sentí contenta.
Entonces
escribí la historia en mi libro y me la llegaron
a publicar. Expliqué a mis amigos mis sueños
sobre el mar y más secretos que no os puedo
contar.
Ada
González Busquet
UN DÍA
SOÑÉ QUE SOÑABA LA REALIDAD
Y DESDE ENTONCES ME ENCANTA SOÑAR