Había
una vez un extraterrestre que quería irse
una semana a la playa.
Alquiló una
casa y allí pasó su semana de vacaciones.
El
primer día fue a ver todo lo que había
en ese pueblo. Visitó todo y cada uno
de los sitios. Comió en un restaurante
y volvió a casa: se duchó y se
echó a dormir. Por la tarde, cuando despertó,
decidió bañarse en la playa donde
le mordió un pez en el pie y tuvo que
ir al hospital. Lucio medio muerto de miedo se
lo explicó al médico, le miraron
bien el pie y le di9jeron que no era nada pero
que esa noche tendría que dormir en el
hospital por si acaso se complicaba la infección.
Lucio dijo que vale, que se quedaba pero que
tenia hambre.
El
médico le trajo de cenar pescado y Lucio
empezó a chillar.
Tenia
miedo de los peces, el médico corriendo
fue a ver que pasaba y al ver a Lucio, bajó al
restaurante y le subió una pizza.
Y
le preguntó-
- ¿Lucio,
así mejor?
El
contestó que sí.
Cuando
acabo de cenar, apagó la luz.
A
la mañana siguiente salió del hospital,
y al llegar a casa decidió hacer las maletas
e irse a otra playa. Cogió la nave y aterrizó en
otra playa más lejana, en las afueras
de un pueblo donde no había nadie.
Encontró una
casa abandonada y allí se instaló.
La
limpió pero tuvo que ir para el pueblo
para comprar comida, agua y todo lo necesario
para pasar los días que le quedaban de
vacaciones.
Se
tiró toda la mañana para instalarse,
colocar la compra, hacerse la comida, etc.
Cuando
terminó, decidió irse a pegar un
baño a la playa pero con más cuidado.
En
esta playa no habían peces, el agua era
cristalina. Se dio el chapuzón y se duchó.
Volvió al
pueblo, a cenar y jugar a los bolos.
Cenó en
la pizzería, le encantaba la pizza.
Y
luego al ir a la bolera no habían zapatos
de su número y se tuvo que ir.
Entonces
fue al casino. Y se gastó miles y miles
de euros, pero no le dio importancia, cogió su
nave y se fue para casa.
Al llegar
a casa le pareció escuchar el canto de
una sirena. Se acercó lentamente a la
playa pero no vio nada y se fue a dormir.
El
tercer día de vacaciones, se levantó,
desayunó y volvió a escuchar el
canto de una sirena.
Decidió meterse
en la mar y nadar para ver que había.
Pero
por mucho que nadaba no veía nada, hasta
que dijo voy a mirar detrás de las rocas.
Cuando
llegó vio como un castillo, un castillo
de agua donde vivían muchísimas
sirenas, preciosas con una voz muy dulce.
Lucio
dijo-
-¡Hola!
Pero
no le contestaban, se hacían las locas.
Entonces Lucio nadó otra vez hasta su
casa.
Escribió una
carta y la mandó al alcalde del pueblo,
en la carta iba redactado lo que había
visto con sus propios ojos y el número
de su móvil para que pudieran contactar
con él.
A
las horas, suena el móvil, era el alcalde
del pueblo, y decía que no se creía
nada de lo que había escrito en esa carta.
Lucio
confundido le dijo que por qué, que fuera
y lo vería con sus propios ojos.
El
alcalde le dijo que estaba muy ocupado y que
no se iba a hacer caso de ningún
extraterrestre.
Entonces
el pequeño extraterrestre se fue a comer.
Esta vez no comía pizza sino macarrones.
Después
de comer se hecho la siesta y luego volvió a
ir detrás de las rocas a ver si por fin
las bellas sirenas se decidían hablarle.
Una
vez en las rocas volvió a decir-
-¡Hola! ¿Hay
alguien?
Salió una
sirena con la cola y el pelo azul y contestó-
-
Si, no nos hagas nada somos buenas.
Lucio
al ver la cara de la sirena azul se quedó sorprendido
y le dijo-
Tranquila
no vengo a haceros daño solo que ayer
cuando llegué del casino escuché como
cantabais y me enamoré de vuestra preciosa
voz.
-
Tú también tienes una voz muy bonita
le dijo la sirena, ¿te quieres quedar
aquí a pasar la noche?
-
No, no puedo, rengo que regresar a casa, pero
mañana volveré.
Lucio
regresó a casa llamó al alcalde
y le dije que había estado hablando con
una de ellas, pero usted siga sin hacernos casa.
Se
puso a ver la televisión.
Y
cuando acabó la serie que estaban dando
se echo a dormir.
Al
cuarto día, Lucio se levantó y
fue para el castillo sin desayunar.
Pero no
había nadie, parecía que a las
dulces sirenas se las había tragado la
tierra.
Pero
Lucio esperó.
Al
tiempo aparece la sirena amarilla y le pregunta
que, hacía allí sentado.
Lucio
le contestó que les estaba esperando entonces
aparece la sirena azul con las demás.
Cantaron
y cantaron y Lucio cada vez se iba más
mar adentro. Hasta que se dio cuenta y dijo-
- ¡Que
horror estas voces me están matando!.
No puedo seguir escuchándolas.
Se
fue para casa como pudo pero la marea no le dejaba
salir.
Cogió las
maletas y su nave y se fue para el planeta Júpiter.
Ya que no podía pasar las vacaciones en
la playa como el quería y las decidió pasar
en Júpiter.
Pero
no encontraba ningún rió, ni nada
que llevara agua.
Se
fue a dormir ya que el viaje había sido
muy duro.
Llegó el
siguiente día y aquello que se veía
parecía un milagro.
Había
aparecido un mar inmenso y bonito de la nada.
Lucio
contento consiguió quitarse el miedo que
tenía a los peces.
Y
decidió hacerse una casita en el fondo
de ese mar y convivir con ellos.
Les
iba bien, todo el día nadando que era
lo que le gustaba.
Se
hico de noche y otra vez se fue a dormir.
Llegó la
mañana siguiente y ya le quedaba poco
tiempo para que se acabaran las vacaciones porque
mañana ya recogía y se iba para
Marte donde esteba su verdadera casa.
Ese
día quiso aprovechar para hablar con los
peces, las estrellas de mar, los caballitos de
mar y todo lo que había allí nadando.
Salió a
la superficie porque le apeteció una pizza,
entonces fue a la nave que allí tenia
y comió.
Volvió a
ir al mar a seguir nadando con sus amigos.
Y
se pasó todo el día de un lado
para el otro conociendo a pescaditos.
Último
día, Lucio triste se despidió de
sus amigos, y cogió la nave y se fue.
Llegó a
Marte y, en este planeta había ocurrido
un milagro, había otro mar inmenso pero
Lucio tuvo miedo porque volvió a escuchar
ese canto de sirenas que casi le matan.
Se
encerró en su casa de donde nunca supimos
si volvió a salir.
Andrea
Sánchez Ollero