Ciudad
submarina
CAPITULO
UNO: Introducción
Alberto
era un niño de 9 años aproximadamente.
Vivía con su padre, Carlos, y su madre,
Aurora, en un pueblecito muy, muy, muy alejado
del mar, Pueblo Escaso. En aquel pueblecito no
se veía ni siquiera un charco al llover,
es que ni siquiera llovía. Era tan seco,
tan pequeño y alejado, tan solitario,
sin turistas, sin casi nada, sólo un par
de casas y un pequeño pozo.
Todas
las mañanas Albert se tenía que
levantar a las cinco de la madrugada para recorrer
tres duras horas de trayecto en coche para poder
ir al colegio. Al llegar al colegio, Carlos levantaba
a su hijo para que entrase, pero el niño
nunca quería, no era por sus notas, ya
que sacaba siempre excelentes; no por la escuela,
ya que era muy, muy bella, no; sinó porque
allí le esperaban un montón de
niños de todas las edades para despreciarlo,
insultarle, tirarle al suelo, patearlo, quitarle
el bocadillo del almuerzo, el dinero de la comida,
incluso escupirle y pegarle. Pero no porque fuese
mala persona, no, él tenía un gran
corazoncito, era muy humilde, muy simpático
y agradecido con la gente. Le hacían eso
sólo por su aspecto: tenía la piel
un tanto azulada, una nariz puntiaguda, un pelo
corto y rizado de color azul intenso, se le juntaban
entre sí con un tipo de membranas entre
dedo y dedo, tanto en las manos como en los pies
y lo más extraño de todo, unas
marcas por todo el cuerpo que le rodeaban los
brazos, las piernas, el torso, formaban una especie
de pez en la espalda y acababan en la cara en
forma de rayo.
CAPITULO
DOS: El Pasado
Su
padre, Carlos, cuando era un niño pequeño
vivía en un lugar, muy cercano al mar,
Ciudad Marina, donde todos los días veía
el mar al amanecer nada más levantarse,
pasar el día con sus bellas horas, y de
todo ello lo más bello, al anochecer del
mar, con un tono azul oscuro, pasa a un violeta
indefinido, y poco a poco se va volviendo de
un rosa tan, tan precioso que te da por pensar
en infinidad de cosas preciosas como aquella
noche. Y poco a poco se te vayan cayendo los
párpados hasta quedarte completamente
dormido, teniendo unos sueños precisamente
preciosos. Con 10 años a Carlos le compraron
una caña de pescar y desdes entonces no
paro de pensar en el mar, en el interior de ella,
y todo lo que estuviese relacionado con el mar.
Hasta qué un día tan inesperado
con motivos que yo desconozco, él se marchó de
allí, y que iba a hacer un joven de 19
años, alejarse del mar, lo que el más
quería en ese momento, lo más profundo
y todo para él.
De
su madre Aurora, sólo se sabe que era
una chica de 18 años que decidió ver
mundo ayudando a los pueblos sin casi ningún
recurso, y más tarde llegó a Pueblo
Escaso, se topó con Carlos, y como no
tenían dinero suficiente para marcharse
a otro lugar, establecieron allí su campamento,
más tarde se hicieron una casa y tuvieron
a Alberto.
CAPITULO
TRES: La pregunta clave
Un dia,
tan inesperado Alberto estaba confuso, es la época
que los niños ya con 10 años empiezan
a recapacitar, pensar, reflexionar, pero aún
no son conscientes ni piensan en las respuestas, ¿ ni
lo han hecho o pueden hacer ? Carlos le
preguntó a su hijo: - Alberto ¿te
pasa algo? Y Alberto respondió alto y
claro: - Papá, ¿ por qué te
marchaste de allí donde viviste toda su
infancia si tanto querías ese sitio como
siempre me lo has dicho y me sigues diciendo
? Entonces Carlos, que estaba agachado para hablar
con su hujo, se levantó lentamente, perdió color,
le cayeron un par de lágrimas al suelo,
se giró y se fue sin decir una mínima
palabra.
Al
dia siguiente el padre no apareció por
la casa, ni al dia siguiente, y así sigue,
desaparecido........
CAPITULO
CUATRO: El presente y la respuesta a la pregunta
Esta tarde
Alberto ha cumplido 18 años y está muy
feliz, pero intenta acordarse de algo que quiere
y necesita recordar, pero no sabe ni siquiera
de qué puede tratarse. Entonces su madre
le pregunta: - Alberto ¿te pasa algo?
- Y Alberto recuerda esa frase y recuerda también
lo que intentaba recordar y le traía inquieto
tanto tiempo. Y sin pensárselo ni una
sola vez Alberto pregunta: - Mamá ¿por
qué papá se marchó? ¿y
por qué papá se marchó de
aquel lugar, ciudad Marina, si tanto la quería
y la adoraba como decía? - Entonces su
madre le dijo: - Alberto, ya es hora de que te
explique por qué papá se fue de
aquí y de allí. Ven aquí y
sientate en el sofá que tengo mucho que
explicarte. Papá con 17 años, dejó embarazada
a una mujer, que era muy misteriosa porque decían
que provenía de las profundidades del
mar y que tenia un color de piel azul claro e
intenso. Y con 18 años recién cumplidos
nació el bebé. El bebé era
muy pequeño y pesaba muy poco. Y era de
color azul. Ni siquiera con el dinero de las
dos familias juntas tenían dinero para
cuidar y mantener el bebé. Y la madre
de la criatura un día lanzó el
bebé al mar, - prosiguió la madre
diciendo que era mejor para él y que así él
sabría vivir tanto en el exterior de la
tierra como en el mar. Y el cuerpo del bebé se
hundió rápidamente. La madre del
bebé desapareció, y tras varias
semanas de búsqueda del cuerpo de el bebé,
se encontró el cuerpo sin vida, y con
una nota que ponía: - Soy yo cariño
te estaré esperando aquí dentro
del mar, si confías verdaderamente en él,
encontrarás el camino hacia mi.
CAPITULO
CINCO: Las pruebas de valentía
Dos
días después de que la madre contara
toda la verdad, murió. Y Alberto desconcertado,
solo, y con dinero suficiente para ir a cualquier
sitio, se decidió y se fue allí,
a Ciudad Marina para resolverlo todo. Estuvo
dos semanas buceando con un equipo especial de
submarinismo, pero no encontró absolutamente
nada. Entonces recordó las palabras que
dijo su madre que ponía la carta, “ si
confías verdaderamente en él (mar),
encontrarás el camino hacia mi”.
Pensó: - ¿por qué soy así:
azul, con marcas, etc, tan diferentes a los demás?
Volvió a recordar otra de las palabras
de su madre cuando le contaba la historia “tenía
la piel de color azul intenso, .....” y
sin pensárselo confió en él
y en el mar y se tiró al agua, y cuando
llevaba ciertos metros de profundidad, ya no
aguantaba más tiempo allí y decidió subir
hacia la superficie y volvió a recordar “si
confías verdaderamente en el (mar) encontrarás
el camino hacia mí”. He aquí la
prueba de valentía, siguió hacia
abajo y las membranas de sus pies y manos se
hicieron más grandes, entre la espalda
y el culo le salió una larga y fuerte
cola, y le salieron unas branquias que le permitieron
salir hacia abajo, hasta que topó con
algo que no se veía. De repente apareció una
especie de obertura y entró dentro de
ella. Era una ciudad bajo el mar, que desde fuera
no se ve, pero desde dentro se ve absolutamente
todo. Siguió adelante sin ningún
miedo, y vio a muchísima gente de su mismo
color, con símbolos como el suyo, y todo
tipo de especies desconocidas de animales y personas
extrañas como él. Entre la multitud
preguntó a alguien dónde estaba
el jefe de aquel lugar, aquel le respondió y
Albertó se dirigió a aquel lugar,
e hizo todo lo posible para hablar con el jefe
o rey de aquel lugar, y lo consiguió.
Él
le preguntó: - Majestad, mis más
queridos respetos, vengo de exterior de la tierra
a buscar a una chica que viajó a la tierra
y quedó preñada de un humano, ¿sabe
dónde la podría encontrar?
- El rey sólo dijo: - Acompáñame.
- Y le llevó ante ella. - Hola, ¿tú eres
el otro hijo de la persona con que tuve mi hijo
en la tierra verdad? - Si, yo soy, pero vengo
a pedirte que me ayudes a encontrar a mi padre
que se fue de casa cuando tenía entre
9 y 10 años. - Sí, te ayudaría
si pudiese, pero por salir al exterior de la
tierra y perder la felicidad allí he perdido
mi vida infinita, y no me queda mucho tiempo
de vida. - Mira, tu tuviste un hijo con él,
y después de que tu te viniste hasta esta
ciudad marina, tu hijo murió y yo soy
una parte de él.
CAPITULO
SEIS: El reencuentro
Él
y ella se dirigieron hacia la superficie para
buscar al padre de Alberto y el padre de la criatura
muerta, que tuvo con esa mujer llamada aqua.
Aqua dijo: - Estoy segura de donde estará si
sigue con vida. - ¿Dónde, Aqua?
- En el lugar exacto donde dejé caer el
cuerpo de nuestro hijo.
Y efectivamente
allí estaba, mirando fijamente al mar,
Carlos recordaba a su hijo. Y Alberto se sentó a
su lado derecho y Aqua a su lado izquierdo, y
estuvieron los tres callados una hora contemplando
el mar, pensando, hasta que Alberto le dijo a
su padre: - Papá, ya es hora de irnos.
CAPITULO
SIETE: Epílogo
Aqua
volvió a tener una gran felicidad en aquel
momento, volvió a tener vida eterna y
regresar así a su pueblo marino. Y Alberto
y Carlos volvieron a vivir juntos en aquel pueblecito
muy cerca del mar donde se veía al mar
amanecer, pasando el día y por la noche
el cielo se veía azul, volviéndose
lila, y más tarde convirtiéndose
en un rosa intenso.
Aitor Arlandi
Gónez