V
PREMI LITERARI
INFANTIL-JUVENIL NOSTROMO
setembre 2008
VEREDICTE DEL JURAT

Segon premi: La tortuga ámbar
                    de Daniel Calvo Padrós
                    IES Ramón Berenguer IV
                    Sta Coloma de Gramenet.                        
La tortuga ámbar

 Había una vez una pequeña tortuga llamada Ámbar que le gustaba mucho, mucho investigar, mirar y buscar todo tipo de cosas.

Un buen día la tortuga, mientras viajaba con sus amiguitas en las profundidades del mar Índico, vio a un pececito multicolor y se decidió a seguirlo. Como el pececito era muy bonito lo siguió y lo siguió para intentar ver más de cerca todos sus colores y poder contemplarlo mejor. Lo que pasa es que la pequeña Ámbar no se dio cuenta de lo mucho que se estaba alejando de su grupo y cuando al fin perdió de vista al pequeño pececillo y pudo darse cuenta de lo mucho que se había alejado de sus amigas, fue demasiado tarde y se encontró perdida y desorientada en medio del océano.

 La pequeña ambar se puso nerviosa lo que aún dificultó más su situación y empezó a nadar con todas sus fuerzas en la direción que creyó correcta. Nadó, nadó y nadó.... Vió pasar bancos de peces en diversas direcciones, vio un grupo de ballenas a lo lejos, vio pasar por encima de ella un inmenso barco, un trasatlántico de más de treinta metros de eslora, la succión de sus hélices estuvo apunto de costarle un disgusto pero a duras penas consiguió liberarse de ellas. Nadó hasta que no le quedaron fuerzas y una vez llegado a ese punto se dejó llevar por las corrientes marinas.

 El tiempo pasó y más de dos veces vio salir y ponerse el sol sobre su cabeza. Ámbar era muy pequeña, había perdido todas sus fuerzas y llevaba ya varios días sin comer y sin ver a ninguna de las tortugas de su manada. Al cuarto día cuanda hasta la propia Ámbar era consciente de que su más que probable destino era la muerte, y pese a eso podía estar realmente orgullosa de que aún no hubiese sido devorada por ningún depredador marino, se dio cuenta de que algo en aquellas aguas lejanas le era familiar. Las aguas eran poco profundas, la arena del fondo tenía un color peculiar y las aguas eran más opacas y más bien sucias.

 Además podía observar a su alrededor unas tres o cuatro embarcaciones, no sabía dónde estaba, pero sabía que no era normal y que no estaba en medio del océano.
 De repente, mientras nadaba se quedó enganchada a una especie de tela, que le impedía avanzar, virar o hacer cualquier movimiento: debilitada como estaba y con la confusión dejó de pelear y de tratar de salir de la red ya que solo conseguía hacerse daño. La pequeña Ámbar había quedado atrapada en una red de pescado y, al poco rato, perdió la poca fuerza que le quedaba y dejó de luchar, y ahí quedó atrapada esperando que algo pasara o simplemente le llegara la muerte.
 Pasado mucho rato, pero sin tener consciencia del rato que llevaba ahí, se percató de que se movía. La tela extraña a la que estaba enganchada la llevaba a alguna parte. Ámbar no era consciente de que la embarcación estaba recogiendo las redes. Una vez en el barco los pescadores abrieron las redes y dejaron caer todo el pescado, mientras dejaban la red con Ámbar aún enganchada y sin que nadie se percatara de su presencia o simplemente no le dieran importancia. Una vez en tierra firme, un pescador se dedicó a poner a punto las redes, a desenredarlas y a mirar que no hubiese ningún agujero y arreglarlas para dejarlas listas para la siguiente faena. Mientras lo hacía, descubrió a Ámbar enganchada en uno de los agujeros de la red, pero, como ya estaba muy cansada y tenia ganas de acabar, decidió sacarla de ahí a tirones y de mala manera hasta que consiguió que se soltase de la red provocándole grandes heridas. Éste se marchó dejando a Ámbar en el suelo.

 Por suerte para Ámbar, un chico que pasaba por ahí la vio tirada en el suelo, la recogió y la llevó a una especie de piscina. Allí, ya practicamente muerta, Ámbar recibió asistencia y notó como le tocaban la herida y le ponían sustancias extrañas. Pero estaba tan débil que apenas podia moverse y mucho menos escapar, así que siguió esperando.

Poco a poco, se percató de que se iba sintiendo mejor y parecía que empezaba a reponer fuerzas y sentía mejor su aleta. Con el paso del tiempo y cuando Ámbar se sentía que volvía a estar bien de fuerzas, energias y prácticamente había recuperado su aleta delantera izquierda; de repente, un hombre la cogió y la metió en una piscina mayor en donde había otras tortugas.

 Allí pasó unos meses más, ya recuperada de sus lesiones y de su peculiar i triste aventura, nadando y conviviendo con otras tortugas; a algunas de las cuales les faltaban diferentes extremidades o tenían deteriorado su caparazón. Ámbar consiguió hacer buenas amigas y conversando con ellas pudo saber que se encontraba en un centro de recuperación de animales marítimos y que los responsables de éste la habían salvado de una muerte segura, y que estaría ahí hasta que se recuperara del todo y las manadas de tortugas volvieran a las costas australianas a poner sus huevos.

Efectivamente ocurrió así. Con el tiempo, la pequeña Ámbar fue liberada en las costas australianas y se reencontró con su familia. De esta manera lo que podía haber sido una triste historia de una pobre tortuga desorientada; se convirtió en la historia de la tortuga Ámbar. La tortuga que se salvó gracias a la colaboración de un pequeño grupo de amigos del mar.

Daniel Calvo Padrós
SORTIDES Portal de la Pau. Davant del Monument a Colom
Tel 93 442 31 06