Me
llamo Mar, vivo en una isla de pescadores, llamada
Blanc Pescador, de nada más de dos mil
quinientos habitantes. La isla no es muy grande,
todas las casas son blancas y normalmente de
dos plantas, las calles están limpias
y el ambiente es muy bonito. Tenemos un bonito
colegio e instituto, parques, etc. En nuestra
isla el mar es muy importante aparte de porque
vivimos rodeados del mar, vivimos del mar, si
el mar para nosotros es lo más importante
significa vida.
Los
adultos siempre son pescadores, los hombres pescadores
del mar, y las mujeres en tierra, arreglando
redes, preparando cajas, las cañas....
Yo soy la única chica de todos los niños
que quiero ser pescadora e irme con mi padre
y pescar muchos peces. Mis amigos no quieren
ser porque dicen que es muy duro y que no ganan
suficiente para irse de viaje.
Cada
dia insistía a mi padre para que me llevara
con él unos dias, para ver cómo
es la vida, saber mucho más sobre el mar,
he estudiado mucho, sé que el humo de
los coches, fábricas, etc. produce gases
contaminantes (CO2) que hace que se rompa la
capa de ozono y se derritan los polos, suba el
nivel del mar y nuestra bonita isla se hunda.
También las hidreoeléctricas hacen
energía con el agua del mar y la calientan
y la devuelven al mar todavía caliente
y hace que los peces crezcan y les falte comida
y se desplazan a por comida y cambia la fauna
del mar y pueden desaparecer algunos animales.
Cuando
le dije todo esto a mi padre que había
buscado en la biblioteca, me dijo que me llevaría
un día para que viera cómo era
todo, pero cuando tuviera vacaciones.
Dos días
antes ya tenía todo preparado, me iba
a ir con mi padre y su tripulación una
semana, con el barco, llamado La Goleta.
Salimos
muy temprano, a las cuatro de la mañana.
Vamos a ir lejos porque como se acercan las navidades
hay que coger más pescado, gambas, cangrejos,
ostras, langostinos,...
A los
dos días estábamos lejos de la
costa, eran las doce del mediodía, parecía
muy de noche, parecía que iba a llover
mucho, el mar estaba muy revuelto. Le pregunté a
mi padre qué iba a pasar, ya que el mar
estaba muy revuelto y todos iban muy nerviosos
y con caras de preocupaciones, mi padre me dijo
que fuera que me pusiera el impermeable y el
chaleco salvavidas. Fui corriendo e hice lo que
me dijo, cuando estaba poniéndome el chaleco
salvavidas, se movió el barco tanto hacia
la derecha, que yo me caí y me di un golpe
enorme en la cabeza. Pensé que alguien
de la tripulación se había caido,
intenté levantarme como pude, y me toqué la
herida, me sangraba, pero sin pensármelo
dos veces salí.
Cuando
salí a ver cómo estaba la gente,
vi que todo estaba inundado de agua que se caía
al mar y volvía porque el barco se movía,
y había olas muy grandes, podían
superar los veinte metros de altura. A los pocos
minutos se escuchó un ruido muy extraño.
Fue
el barco que chocó contra una roca del
fondo del mar. Todo el mundo estaba preocupado,
la emisora para comunicarnos no funcionaba, eso
significa que estabamos incomunicados, bajé al
camarote, yo tenía mucho miedo. Mi padre
al poco tiempo de bajar yo al camarote bajó él
y me dijo que tuviera mucho cuidado, que me agarrara
bien y que intentara comprobar si funcionaba
la radio. No lo conseguía, en ese momento
pensaba que íbamos a morir todos, en medio
del mar, solos, sin nadie que se enterara. En
ese preciso instante, conseguí que la
radio funcionara, un poco más tarde conseguí hablar
con la policía y les comuniqué lo
que estaba ocurriendo y lo que había ocurrido
y donde estabamos situados. Me respondieron que
preparaban todo lo necesario para llevar a cabo
los rescates en este temporal y que venían,
que tuviéramos mucho cuidado y que aguantáramos
lo máximo que pudiéramos.
Cuando
salí fuera, para comunicarlo, vi que faltaba
gente, entre ellos mi padre. Con lágrimas
en los ojos pregunté a un tripulante,
dónde estaba mi padre, el tripulante me
respondió:
- ¿Tu
padre ?: Ha venido una ola gigante y se han caído
muchos, entre ellos tu padre.
Yo le contesté con
lágrimas en los ojos y un fuerte dolor
en el corazón:
- He conseguido
hablar con la policía vendrán a
buscarnos.
- Pues
que sea rápido porque el barco se va a
hundir y no tardará mucho, me respondió.
Nada
mas acabar la frase, se escuchó de lejos
un helicóptero, venían a rescatarnos,
cuando nos salvaron a los pocos tripulantes que
quedaban en el barco, y subimos al helicóptero,
me encontré a mi padre y a otros tripulantes,
no estaban todos. Mi padre me abrazó bien,
fuerte y me repitió muchas veces: te quiero
mucho, no me lo hubiera perdonado nunca que te
hubiese pasado algo.
Yo le
contestaba emocionada: yo tambien te quiero mucho,
pero no pienses más en esto.
Al poco
rato llegamos a tierra, todo el mundo nos esperaba
en el aereopuerto, mi madre y mis abuelos llorando, mis
hermanos con unas caras de preocupación,
pero cuando nos vieron que todos teníamos
cara de frío y todos se relajaron un poco,
estábamos bien dentro de lo que habíamos
pasado y eso era lo que importaba.
Nos
llevaron al Hospital, para comprobar que estuviéramos
bien, también nos miró una psicóloga.
todos los que estábamos, estabamos bien,
pero aún quedaban seis marineros por encontrar
y que fueron inmediatamente a buscarlos, pero
no hubo suerte, solo encontraron tres y muertos.
Al
cabo de un tiempo, cuando estábamos en
casa mi padre me dijo:
-
Carño, seguro que te has decepcionado
con nosotros, y que seguramente ya no quieras
ser pescadora. Que lástima porque la mejor
pescadora del mundo se nos ha ido.
Yo
le contesté: - Papa, yo te quiero y no
me he decepcionado ni contigo ni con la tripulación,
pero sí que voy a ser pescadora porque
es mi sueño y lo voy a cumplir.
Así,
al cabo de los años me convertí en
pescadora y dueña de una gran empresa
pescadora conocida por todo el mundo, porque
cuidaba y respetaba el mar. Y nunca olvidaré esta
aventura.
Siempre
se cuenta esta historia a los niños, y
a los niños les encanta, y ahora esta
historia tiene cincuenta años y todo lo
recuerdo como si fuera ayer mismo cuando aprendí todo
lo que no se aprende en la escuela.
Cristina
Medero Palacino