IV
PREMI LITERARI
INFANTIL-JUVENIL NOSTROMO
setembre 2007
VEREDICTE DEL JURAT

Guanyador: Un Viaje al fin del mundo: Las Bermudas
                 de Pere Lluís Huguet Cabot
                 CEIP L’Estel. 5è primaria                                                    
Un Viaje Al Fin Del Mundo: Las Bermudas


   Era aquel un lugar de mala muerte donde la vida de muchos marineros se truncaba. Me refiero a aquel lugar de las Américas, el Nuevo Mundo. La fortuna de nuestra querida España aumentaba gracias a ese territorio virgen lleno de plata y oro. Pero no es ese el tenebroso lugar al que me refiero sino a unas islas al norte, en territorio de los herejes. Como bien deben vuestras mercedes comprender me refiero a los malditos ingleses, y que me cuelguen sino eran malditos). El destino al que me refiero son las Islas Bermudas, más conocidas como el triángulo de las Bermudas. Sólo con pronunciarlo me parece que la tierra se estremece.

   Me presento, soy Diego Copons, natural de la antigua Tarraco, soy capitán al servicio de mi monarca el gran Felipe, rey de España. Lo de gran lo digo por decir, que de grande no tiene nada y, pardiez, de rey tanto como yo. Os hablo del año 1620, cuando España era potencia mundial pero en decadencia ya que lo único que le quedaba y que la mantenía era el dinero que llegaba de América, y es que como Quevedo escribió en uno de sus poemas, y que a mi más me agrada, es:

Nace en las Indias honrado,
Donde el mundo le acompaña;
Viene a morir a España,
Y es de Génova enterrado.
Y pues quien le trae al lado
Es hermoso, aunque sea fiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero
Más valen en cualquier tierra
(Mirad si es harto sagaz)
Sus escudos en la paz
Que rodeas en la guerra.
Pues al natural destierra
y hace propio al forastero,
Poderoso caballero
Es don Dinero

   Les cuento esto para iniciar la odisea que corrí hasta llegar a las islas en cuestión, con todos sus pormenores.

   Yo era un joven al que un golpe de fortuna le dio el puesto de capitán. Como español que soy era temerario y curioso, dos factores que juntos eran igual a aventura. En esos tiempos corría la voz sobre unas islas de las cuales nadie había salido, como una bruma de la cual jamás puedes salir. Algunas se atrevían a decir que era la unión de la tierra con el mismo infierno aunque nadie había vuelto para contarlo.

   Las cercanías de las islas estaban siempre rodeadas de restos de embarcaciones naufragadas pero nunca con cadáveres. Aquellas islas como anteriormente he mencionado eran Las Bermudas.

   He de reconocer que esas historias estremecían pero a la vez despertaban mi curiosidad sobre su veracidad. Así que, como en sus tiempos hizo Cristóbal Colón, me dirigí a la Reina proponiéndole una temeraria empresa: descubrir el secreto de Las Bermudas y salir vivo de ellas para contarlo. Esta fue la conversación:

-¿Y què ganaría yo si se cometiera tal empresa? -esto no me pilló por sorpresa ya que iba preparado.
-Para empezar, presumir de que España fue quien descubrió el secreto del Triángulo como lo hizo con las Américas. Y segundo, si el secreto es solucionable tendrá vuestra merced un nuevo territorio en tierra Inglesa.
-¿Para cuando necesita vuestra merced la goleta? -no pude evitar sonreír al oír aquello.
-Lo antes posible.
-La tendrá en dos semanas.
-Gracias -y con una reverencia me retiré.

   Al salir estaba lleno de júbilo. Sin más tardanza procedí a reunir la tripulación. Decidí que serian antiguos camaradas de Flandes o los veteranos de allí ya que esos eran los verdaderos soldados, el orgullo de España. Una semana después ya tenía a mi tripulación: 20 veteranos de Flandes, 10 camaradas de Nápoles y los remeros.

   Todo estaba listo y dispuesto. Llegó el día de salir, pero cuando estábamos dentro del navío nos atacaron un grupo de forajidos. Nuestra condición de veteranos nos permitió repeler el ataque pero nos causó 5 muertes y 7 heridos. Yo no podía esperar más para zarpar así que aunque fue un acto temerario embarcamos ese mismo día. ¿Pero quienes eran los que querían evitar nuestra travesía? ¿Qué tenía de malo?; cuando hallé respuesta os digo que preferí que nunca hubiera sido resuelta pero la vida no va a favor de nadie, ¡pardiez que no!.

   Durante el trayecto tuvimos varios percances:

   El primero fue poco antes de salir cuando me di cuenta de que había una galera que no paraba de seguirnos y cual fue mi sorpresa cuando, lejos de tierra, cambió su bandera por la inglesa.

-¡Todos a sus puestos! ¿Listos para repeler el abordaje! ¡Que no quede ni un maldito hereje! ¡Coged a los compatriotas y los lleváis a bordo, a los demás que les parta un rayo! ¡Traedme a su maldito capitán! -ya me había quedado sin aliento y casi afónico de tanto grito-¡Y que no os maten!
Dicho esto todos se movilizaron y les caímos encima a los ingleses gritando:
-¡Santiago y cierra España, cierra!
-¡Por España y por nuestras madres!

   Cuando les caímos encima se les puso cara de miedo y horror, pidiendo cuartel, pero ni uno lo tuvo excepto el capitán, me lo reservaba para hablar unos asuntos. La mayoría de los remeros eran españoles y los acoplamos sustituyendo a las bajas de nuestra tripulación. Cuando me hallé a solas con el capitán le pregunté:

-¿Why tu atak me? -ya se que mi inglés no era el de Shakespeare pero era lo único que sabía.
-I don't go to tell you nothing. -eso sí lo entendí, me hizo poner de los nervios y le pegué un guantazo.
-¡Como te atreves a decirme eso a mi! ¡Que te ahorquen y te tiren al mar con tus amigos!
Llevado por la ira lo mandé ahorcar.

   Al final, nos acercábamos a nuestro destino, cuando unos piratas ingleses (cómo no) nos atacaron. Nosotros ya no teníamos casi provisiones así que planeé una estratagema que además de provisiones nos ofrecía seguridad. Cuando los piratas nos asaltaron habíamos cogido los botes, entrado en su barco sin que se dieran cuenta. Una vez allí y con sigilo matamos a todos los de a bordo mientras otros cortábamos las cuerdas de abordaje y, cuando nos estábamos marchando con su barco, el mar se estremeció y oímos un gran estruendo, la explosión de nuestro barco gracias a la pólvora que habíamos encendido de tal manera que explotase tardía.
Esta victoria me llenó de júbilo y alegría.

   Tres días después vi unas islas a lo lejos y yo temerario y prudente a la vez ordené tirar el ancla y propusimos esto: consistía en embarcara tres personas en un bote atado a una cuerda, hacer que se acercara a las islas y si el mar les tragaba, tirábamos de la cuerda, y si no descubrían el secreto y lo gritaban a los cuatro vientos por si algo les evitaba volver.

   Y así se hizo. Aquella desgraciada mañana había una niebla la cual parecía bajada de las nubes, no veías ni el filo de tu espada desenvainad. Tras una hora desde que el bote con los tres tripulantes se hizo a la mar, se oyó con voz fantasmal teñida de miedo:

-¡Pira...! -gritado por un amigo mío de Nápoles aunque no acabó la palabra.
-¡Tirad de la puerta so gandules! ¡Que no os vea yo vaguear!

   Y cuando pude ver el bote, abrí los ojos por sorpresa y con espanto. Lo que allí había era horrible, no había nada. Decidimos acercarnos con nuestro barco con la seguridad de nuestra falsa bandera pirata. A, y ojalá no lo hubiéramos hecho nunca pero a lo hecho pecho y lamentarse es de cobardes y de poco español. Pues así fue lo ocurrido durante la parte buena de la travesía, ahora no viene la mala sino la horrible.

   Cuando nos acercamos a las islas la niebla fue despejando y lo que allí vimos era lo más estremecedor que he visto nunca, no era ni comparable con la puerta del infierno. Lo que allí había era un puerto pirata ¡inglés!. En ese momento entendí por qué los ingleses no querían que fuéramos allí, porque aquel era el centro de la fuerza inglesa, de allí salían todos los navíos que nos abordaban a los españoles. Aquellos navíos que acusábamos a los ingleses de que eran suyos y lo negaban diciendo que eran piratas que no tenían nada que ver con ellos.

   Si alguien llegaba a enterarse de aquello podría acusar directamente a los ingleses y romper la tregua falsa que nos habían hecho, los muy herejes.
Íbamos a virar y volver por donde habíamos venido cuando nos gritaron:

-¡Pas Word!
-¿Y qué, si se puede saber es eso? -pregunté yo, ahora ya sé qué significa.
Y entonces se nos tiraron encima 5 pequeños navíos muy veloces con unos veinte hombres en cada uno.
- ¡A por ellos por España!
- ¡Santiago y cierra España!

   Ese día nos reñimos como jabatos. El espíritu español que llevábamos dentro se nos apoderó y, aunque éramos una proporción de uno contra cinco apenas quedó ni un pirata; al igual que tampoco quedó casi ninguno de nosotros. Nosotros teníamos todas las de la ley (aunque las leyes casi ninguno entendíamos) de que nos ahorcarían, pero el capo de los piratas que aunque inglés era honrado y, premiándonos por nuestra valentía y destreza nos dijo que no nos mataría pero que seríamos sus prisioneros (para siempre claro está).


Pere Lluís Huguet Cabot


   Si alguien recibe una carta embotellada que se la haga llegar a la reina y que por favor venga a salvarnos pardiez.
   
II
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