III
PREMI LITERARI
INFANTIL-JUVENIL NOSTROMO
setembre 2006
VEREDICTE DEL JURAT

Guanyador: Un viaje sin retorno de Daniel Buendia Garcia            
Un viaje sin retorno


 Un anochecer de 1990, el capitán del barco Sirena salió de la hermosa Tarragona a surcar el precioso mar Mediterráneo junto a cinco marineros.
Las mujeres despidieron a sus maridos como tantas veces habían hecho y con la esperanza de volverlos a ver tres o cuatro semanas después, pero lo que no sabían es lo que les podría suceder.

 Con el barco cargado de suministros para poder pasar las cuatro semanas empezaron su largo viaje hacia algún lugar extraño e inolvidable.

 Antonio, uno de los marineros más expertos bajó a revisar la sala de motores y de las calderas para ver si todo estaba en orden.

 Manuel otro de los marineros estaba en la borda junto a José revisando que los mástiles y las velas estuvieran en perfectas condiciones.

 Javier estaba en la cabina de mandos dirigiendo el barco y vigilando que no topara con ningún obstáculo.

 Daniel el capitán del barco estaba en su camarote mirando el mapa por donde tenían que ir hacia ese lugar extraño.

 A las once, Aitor, el cocinero del barco les llamó, para que bajaran a comer y desde ese momento les empezaron a suceder cosas muy extrañas.

 Sobre las tres de la mañana, Manuel, mientras estaba en su camarote empezó a escuchar pasos, pero pensó que sería José que estaba en su turno de vigilancia. A las cuatro, a José le tocaba descansar y a Antonio salir a vigilar, pero sobre las cuatro y media Antonio se desveló y a ver si sucedía algo porque José no le había despertado para cambiar su turno. Lo estuvo buscando por su camarote, por la borda, por la cabina de cambios pero no apareció por ningún lado.

 Entonces, Antonio decidió despertar a los demás para intentar encontrar a José lo más rápido posible, pero no había ningún indicio de donde podía estar.

 El capitán, después de tanto buscar, decidió llamar a la centralita desde la emisora del barco para confirmar la desaparición de José, pero no funcionaba y no pudo contactar con la centralita del puerto.
Estaban lejos de su familia y amigos y no sabían si volverían a verlos, lo único que sabían es que sólo quedaban cinco.

A la noche siguiente, decidieron que en lugar de vigilar de uno en uno vigilarán de dos en dos para que hubiera menos posibilidades de que desapareciera alguien.

 De once a tres de la madrugada vigilarían Antonio y Manuel y de tres de la madrugada a siete de la mañana vigilarían Javier y Aitor mientras que el capitán una vez se fueran a descansar saldría junto a Antonio y Manuel.

 Antonio y Manuel estuvieron vigilando tan tranquilamente sin percance alguno e hicieron el cambio de turno de vigilancia sin problemas.

 Pasada una semana y al ver que no había habido ninguna desaparición más empezaron otra vez a hacer los turnos de una persona para así poder estar más descansados durante el día para ver si encontraban la isla que tanto esperaban encontrar.

 Esa noche le tocaba vigilar a Manuel de once a una y luego le sustituiría Javier, pero ese cambio nunca se produjo.

 Manuel, sobre las once y media, vio en la lejanía del mar lo que le pareció la silueta de un barco y decidió ir a la cabina de mandos para comprobar en el radar si sobre esa zona se encontraba algún barco pesquero.

 En la trayectoria de la proa a la cabina de mandos vio una sombra que le asustó porque no sabia de quién podía ser pero al llegar a la cabina vio los restos de ropa de alguien y un poco de sangre, él se preguntaba de quién sería y lo primero que hizo fue ir a comprobar si estaban todos.

 Al llegar al camarote de Javier y al ver que no estaba, comprobaron si era la misma ropa que llevaba ese día.

 -¿Por qué nos estará pasando esto? - dijo Manuel.
 - Cada vez quedamos menos - dijo el capitán.
 - A partir de ahora tendremos que andar con mucho cuidado. - dijo Antonio.

 Habían pasado dos semanas y el capitán no sabía qué hacer. Había perdido a dos de sus hombres y se pregunta qué había sucedido.

 El siguiente en morir fue Manuel, a quien vieron como algo lo arrastraba y caía al mar como si de un pez se tratara.

 -¿Por qué Manuel y no yo? - se preguntaba Antonio, con lo buen marinero que era y la gran familia que le está esperando al otro lado del Mediterráneo.

 A las tres semanas Daniel, el capitán, decidió volver a casa con los dos únicos marineros que le quedaban, pero lo que él no sabía es que no sería así.
 
 El siguiente en fallecer fue Antonio pero no porque nadie ni nada lo matara sino porque se volvió loco con todo lo que estaba pasando y se suicidó colgándose del mástil y dejándose caer. Pero antes le escribió una carta a su mujer y  a su niña diciéndoles que las quería mucho y que él se suicidaba porque no podía vivir más con ese miedo de poder morir en manos de algo que él desconocía. Lanzó la carta en una botella de cristal para que algún día llegara a las orillas de la playa de Tarragona para que su mujer y su hija la pudieran leer.

 Sólo quedaban dos tripulantes en el barco, y llevaban ya cuatro semanas y media sin rumbo, hasta que una noche mientras dormían un fuerte golpe los despertó. Había mucha agua y no sabían que hacer. Corrieran hacia donde corrieran sólo encontraban agua, qué vamos a hacer decían, hasta que el capitán se acordó de la barca salvavidas que llevaba en la cabina de mandos.
Al llegar dejaron que la barca se inflara y se montaron, y vieron como su barco llamado la Sirena se hundía para siempre en lo más profundo del mar.

 Aitor y el capitán navegaron sin rumbo y nunca más se supo nada más de ellos. Así, todos los marineros murieron en aquel viaje sin vuelta y quedaron seis mujeres que todavía esperan la vuelta de sus maridos.

FIN


Daniel Buendia Garcia
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