II
PREMI LITERARI
INFANTIL-JUVENIL NOSTROMO
setembre 2005
VEREDICTE DEL JURAT

Guanyador: La aventura marina de Clara Vera Colina                        
La aventura marina


 La playa de la Isla Rocosa es muy larga, de arena clara y fina. El mar es casi transparente, azulado y al final de la arena hay unas palmeras enormes. Esa mañana la playa estaba llena de gente, abuelos, jóvenes, niños,... Algunos tomando tranquilamente el sol y otros bañándose en el transparente mar. Pero cuando atardeció, la gente se fue marchando, aún hacia sol, y se llenó de calma. Bajo las palmeras todavía había alguien dormido, y en la arena una chiquilla de unos siete años, haciendo más y más castillos de arena con la misma ilusión que el primero. Una niña muy morena, con el cabello oscuro muy largo, recogido con dos largas coletas. Sus ojos eran verdes y vistosos, iba con un bañador de rayas rojas y rosas. Su padre estaba tumbado tomando el sol, medio dormido.

 La niña sintió que algo de dentro del mar la llamaba. Se levantó y fue alegremente hacia la orilla, sus ojos empezaron a brillar y ella cantando miraba el horizonte, su padre se había quedado dormido. La muchacha fue entrando al mar hasta que el agua le llegaba hasta los hombros, se sumergió y buceó un poco. Siempre se bañaba por el lugar donde rompían las olas, pero ese dia nadaba a unos metros de allí, buscaba la cosa que la llamaba, tenía un presentimiento. Solo se veía su larga melena sumergiéndose y nadando alegre.

 El sol ya era bajo, cuando de repente la niña cerró los ojos de golpe con fuerza y los abrió poco a poco, entonces brillaban más que siempre. Una cola de colores apareció, salió del mar, y después el cuerpo de una linda sirena. La niña la miró y le saltó una lágrima, estaba emocionada, no sabía si estaba soñando. La sirena la sonrió, sus jugosos labios se pegaron a la mejilla de la pequeña. Después la niña la observó: la sirena tenía el cabello larguísimo y rubio, los ojos azules muy claros, extraños, y llevaba un biquini formado por conchas. Su cola era larga y de colores, del anaranjado al verde y al final azulado, era preciosa.

 La niña y la sirena se dirigieron a unas rocas donde la sirena hizo esperar a la niña. La sirena hizo esperar a la niña y se sumergió. Después de un rato, salió del agua y le mostró una ostra muerta. Le hizo una señal para que la abriera, dentro había una hermosa perla. A la pequeña le hizo mucha ilusión, nunca había visto algo tan simple pero tan bonito. La sirena le hizo entender porque le había regalado esto. Toda persona que se tomara la vida con ilusión, apreciando los detalles y momentos, por pequeños que fueran, se merecía un regalo, aunque fuera sólo un símbolo de admiración de otra persona, como en aquel caso. Por no rendirse al hacer un castillo cuando se le derrumbaba, acabarlo y después disfrutar del trabajo realizado. Porque aunque ella fuera solo una niña, cuando creciera aún sería mejor, así con ese regalo nunca olvidaría esa valoración.

   La niña sonrojada y emocionada la abrazó. Se juraron volverse a ver. La chica creció y se dio cuenta de que siempre necesitaría esperarla, ya que a veces dejas pasar el tiempo y no te acurdas del mensaje de la perla.


Clara Vera Colina
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